El lactato es un indicador clave en el rendimiento deportivo, producido en los músculos durante el ejercicio, especialmente cuando aumenta la intensidad y el cuerpo empieza a depender más de procesos anaeróbicos.
En el entrenamiento de resistencia, se distinguen dos umbrales principales:
Primer umbral (aeróbico): corresponde a aproximadamente 2 mmol/L de lactato en sangre. Aquí el lactato comienza a acumularse, pero en niveles bajos que permiten sostener esfuerzos prolongados con relativa comodidad.
Segundo umbral (anaeróbico): ocurre cerca de 4 mmol/L, punto en el que la acumulación de lactato se acelera y el cuerpo entra en una zona de mayor exigencia.
La mejora del rendimiento se refleja en el desplazamiento de estos umbrales hacia intensidades más altas (mayores velocidades o potencias), lo que implica poder sostener cargas más intensas durante más tiempo y retrasar la fatiga. Estos valores se utilizan de forma estándar a nivel internacional para definir zonas funcionales de entrenamiento y diseñar planes efectivos.