Lactato y Fuerza: Entrenar sin cruzar la línea roja

El récord de lactato más alto registrado en un humano fue de ¡25 mmol/L! Pero en fuerza pura, el objetivo es justo lo contrario: mantenerlo bajo.

En el entrenamiento de fuerza, el lactato no es el enemigo, pero sí un mensajero que conviene escuchar.
Cuando buscamos fuerza máxima o potencia, lo que queremos es que predomine el sistema fosfágeno, no el glicolítico. Si durante las series el lactato se dispara (8, 10 o 12 mmol/L), significa que el cuerpo está entrando en una lógica de “resistencia”, no de “explosividad”.

¿El resultado? Se pierde velocidad, coordinación y eficiencia neuromuscular.
Por eso medir lactato en fuerza sirve para algo clave: asegurar que la pausa y la intensidad están bien calibradas.

  • En trabajos de fuerza máxima o explosiva, mantener lactato <4 mmol/L.

  • En fuerza resistencia, valores más altos son esperables, pero deben ser controlados.

  • Las mediciones se hacen durante las pausas, justo antes de la siguiente serie.

La frecuencia cardíaca o la escala de Bohr no sirven aquí: la recuperación neurometabólica no siempre se refleja en el pulso.
En cambio, el lactato muestra con precisión qué sistema energético estás activando.

El lactato no solo mide fatiga: mide eficiencia. Usarlo en fuerza permite entrenar más inteligente, sin caer en el error de convertir la potencia en resistencia.